Escritores e intelectuales como Mario Vargas Llosa, José Antonio
de la Marina, Aurelio Arteta, Félix de Azúa, Albert Boadella,
Carlos Castilla del Pino, Luis Alberto de Cuenca, Arcadi
Espada, Alberto González Troyano, Antonio Lastra, Carmen
Iglesias, Carlos Martínez Gorriarán, Jose Luis Pardo, Alvaro
Pombo, Ramón Rodríguez, Jose Mª Ruiz Soroa, Fernando
Savater. Es decir, pensadores de cualquier ideología pero absolutamente comprometidos con la defensa de la lengua castellana o española como lengua común de todos los españoles, han emitido el siguiente manifiesto. Si estás de acuerdo, puedes adherirte firmando en este enlace. Yo ya lo he hecho. Léelo bien porque no tiene desperdicio.
MANIFIESTO POR LA LENGUA COMÚN
Desde hace algunos años hay crecientes razones para
preocuparse en nuestro país por la situación institucional de la
lengua castellana, la única lengua juntamente oficial y común de
todos los ciudadanos españoles. Desde luego, no se trata de una
desazón meramente cultural –nuestro idioma goza de una pujanza
envidiable y creciente en el mundo entero, sólo superada por el
chino y el inglés- sino de una inquietud estrictamente política: se
refiere a su papel como lengua principal de comunicación
democrática en este país, así como de los derechos educativos y
cívicos de quienes la tienen como lengua materna o la eligen con
todo derecho como vehículo preferente de expresión, comprensión
y comunicación.
Como punto de partida, establezcamos una serie de
premisas:
1) Todas las lenguas oficiales en el Estado son
igualmente españolas y merecedoras de protección
institucional como patrimonio compartido, pero sólo
una de ellas es común a todos, oficial en todo el
territorio nacional y por tanto sólo una de ellas –el
castellano- goza del deber constitucional de ser
conocida y de la presunción consecuente de que
todos la conocen. Es decir, hay una asimetría entre
las lenguas españolas oficiales, lo cual no implica
injusticia (?) de ningún tipo porque en España hay
diversas realidades culturales pero sólo una de
ellas es universalmente oficial en nuestro Estado
democrático. Y contar con una lengua política
común es una enorme riqueza para la democracia,
aún más si se trata de una lengua de tanto arraigo
histórico en todo el país y de tanta vigencia en el
mundo entero como el castellano.
2) Son los ciudadanos quienes tienen derechos
lingüisticos, no los territorios ni mucho menos las
lenguas mismas. O sea: los ciudadanos que hablan
cualquiera de las lenguas co-oficiales tienen
derecho a recibir educación y ser atendidos por la
administración en ella, pero las lenguas no tienen
el derecho de conseguir coactivamente hablantes
ni a imponerse como prioritarias en educación,
información, rotulación, instituciones, etc… en
detrimento del castellano (y mucho menos se
puede llamar a semejante atropello “normalización
lingüística”).
3) En las comunidades bilingües es un deseo
encomiable aspirar a que todos los ciudadanos
lleguen a conocer bien la lengua co-oficial, junto a
la obligación de conocer la común del país (que
también es la común dentro de esa comunidad, no
lo olvidemos). Pero tal aspiración puede ser
solamente estimulada, no impuesta. Es lógico
suponer que siempre habrá muchos ciudadanos
que prefieran desarrollar su vida cotidiana y
profesional en castellano, conociendo sólo de la
lengua autonómica lo suficiente para convivir
cortésmente con los demás y disfrutar en lo posible
de las manifestaciones culturales en ella. Que
ciertas autoridades autonómicas anhelen como
ideal lograr un máximo techo competencial bilingüe
no justifica decretar la lengua autonómica como
vehículo exclusivo ni primordial de educación o de
relaciones con la administración pública. Conviene
recordar que este tipo de imposiciones abusivas
daña especialmente las posibilidades laborales o
sociales de los más desfavorecidos, recortando sus
alternativas y su movilidad.
4) Ciertamente, el artículo tercero, apartado 3, de la
Constitución establece que “las distintas
modalidades lingüísticas de España son un
patrimonio cultural que será objeto de especial
respeto y protección”. Nada cabe objetar a esta
disposición tan generosa como justa, proclamada
para acabar con las prohibiciones y restricciones
que padecían esas lenguas. Cumplido
sobradamente hoy tal objetivo, sería un fraude
constitucional y una auténtica felonía utilizar tal
artículo para justificar la discriminación,
marginación o minusvaloración de los ciudadanos
monolingües en castellano en alguna de las formas
antes indicadas.
Por consiguiente los abajo firmantes solicitamos del
Parlamento español una normativa legal del rango adecuado (que
en su caso puede exigir una modificación constitucional y de
algunos estatutos autonómicos) para fijar inequívocamente los
siguientes puntos:
1) La lengua castellana es común y oficial a todo el
territorio nacional, siendo la única cuya
comprensión puede serle supuesta a cualquier
efecto a todos los ciudadanos españoles.
2) Todos los ciudadanos que lo deseen tienen
derecho a ser educados en lengua castellana, sea
cual fuere su lengua materna. Las lenguas cooficiales
autonómicas deben figurar en los planes
de estudio de sus respectivas comunidades en
diversos grados de oferta, pero nunca como lengua
vehicular exclusiva. En cualquier caso, siempre
debe quedar garantizado a todos los alumnos el
conocimiento final de la lengua común.
3) En las autonomías bilingües, cualquier ciudadano
español tiene derecho a ser atendido
institucionalmente en las dos lenguas oficiales. Lo
cual implica que en los centros oficiales habrá
siempre personal capacitado para ello, no que todo
funcionario deba tener tal capacitación. En locales
y negocios públicos no oficiales, la relación con la
clientela en una o ambas lenguas será discrecional.
4) La rotulación de los edificios oficiales y de las vías
públicas, las comunicaciones administrativas, la
información a la ciudadanía, etc…en dichas
comunidades (o en sus zonas calificadas de
bilingües) es recomendable que sean bilingües
pero en todo caso nunca podrán expresarse
únicamente en la lengua autonómica.
5) Los representantes políticos, tanto de la
administración central como de las autonómicas,
utilizarán habitualmente en sus funciones
institucionales de alcance estatal la lengua
castellana lo mismo dentro de España que en el
extranjero, salvo en determinadas ocasiones
características. En los parlamentos autonómicos
bilingües podrán emplear indistintamente, como es
natural, cualquiera de las dos lenguas oficiales.
Firmas (orden alfabético): Mario Vargas Llosa, José Antonio
de la Marina, Aurelio Arteta, Félix de Azúa, Albert Boadella,
Carlos Castilla del Pino, Luis Alberto de Cuenca, Arcadi
Espada, Alberto González Troyano, Antonio Lastra, Carmen
Iglesias, Carlos Martínez Gorriarán, Jose Luis Pardo, Alvaro
Pombo, Ramón Rodríguez, Jose Mª Ruiz Soroa, Fernando
Savater.
Si no te adhieres, siempre puedes hacer como el líder del PNV, Urkullu, o el de ERC, Puigcercòs. Léelo.
26 junio 2008
24 junio 2008
La jura
LA JURA
Allí estaba la Patria, y eso que muchos andan buscándola y no la encuentran. Fue en Cerro Muriano el pasado domingo, donde un buen puñado de civiles ... (Leer artículo completo)
La jura ( Diario Córdoba - 24/06/2008 )
Allí estaba la Patria, y eso que muchos andan buscándola y no la encuentran. Fue en Cerro Muriano el pasado domingo, donde un buen puñado de civiles ... (Leer artículo completo)
La jura ( Diario Córdoba - 24/06/2008 )
23 junio 2008
"Córdoba cuenta": relato 6 de 27
Título: CLAXON
Autor: Daniel Arenas
Se levantó de madrugada para ir al lavabo. Hacía ya meses que le venía aquella necesidad en mitad del sueño. De pronto oyó el claxon. Vivía en una finca que era como una muralla sobre el barrio banco y luminoso de San Basilio. Desde las ventanas se veían las hermosas lomas por las que subía la carretera hacia Sevilla. Volvió a escuchar el claxon. Acababa de volver de un viaje a Berlín y le parecía insufrible el ruido de su ciudad. También estaba el problema de las motos y los coches que en las callejitas dejaban el aire, encajonado y quieto, impregnado del olor irrespirable a gasolina quemada. Por si esto fuera poco se había puesto de moda el uso de las bicicletas por las aceras. Lo que a priori podía parecer una buena costumbre se había convertido en un peligro para los viandantes que, nerviosos e inquietos, temían sus propios movimientos y con el miedo a flor de piel avanzaban insomnes ante el ruido instantáneo y fugaz que les pasaba a milímetros de su cuerpo. Volvió a escuchar el claxon. Empezó a sentir rabia hacia ese conductor al que no le importaba lo temprano de la hora y de manera inmisericorde insistía una y otra vez con aquella llamada chillona, seguramente a la espera de que alguien bajara de una de las viviendas. Esta vez sonó con más fuerza y persistencia y ya no pudo más. Se levantó de la cama, se fue hacia el balcón, agarró una de las macetas y la dejó caer. Luego se puso los tapones en los oídos y se metió entre las sábanas.
Por la mañana, al conectar la radio, supo de la magnitud de la tragedia.
Del libro "Córdoba cuenta".
Asociación cultural "Mucho cuento", Fundación Bodegas Campos, Sociedad de Plateros. Córdoba, mayo 2008.
Daniel Arenas (Azuaga, Badajoz). Catedrático de Lengua y Literatura Españolas. Escritor. Ha publicado las novelas: "Viviré si no me olvidas" (Algaida, 1998), Premio de Novela Felipe Trigo; "Dos gardenias para ti" (Brosquil, 2002), fanalista del Premio Azorín, y "Bajo los árboles azules" (Brosquil, 2005).
Autor: Daniel Arenas
Se levantó de madrugada para ir al lavabo. Hacía ya meses que le venía aquella necesidad en mitad del sueño. De pronto oyó el claxon. Vivía en una finca que era como una muralla sobre el barrio banco y luminoso de San Basilio. Desde las ventanas se veían las hermosas lomas por las que subía la carretera hacia Sevilla. Volvió a escuchar el claxon. Acababa de volver de un viaje a Berlín y le parecía insufrible el ruido de su ciudad. También estaba el problema de las motos y los coches que en las callejitas dejaban el aire, encajonado y quieto, impregnado del olor irrespirable a gasolina quemada. Por si esto fuera poco se había puesto de moda el uso de las bicicletas por las aceras. Lo que a priori podía parecer una buena costumbre se había convertido en un peligro para los viandantes que, nerviosos e inquietos, temían sus propios movimientos y con el miedo a flor de piel avanzaban insomnes ante el ruido instantáneo y fugaz que les pasaba a milímetros de su cuerpo. Volvió a escuchar el claxon. Empezó a sentir rabia hacia ese conductor al que no le importaba lo temprano de la hora y de manera inmisericorde insistía una y otra vez con aquella llamada chillona, seguramente a la espera de que alguien bajara de una de las viviendas. Esta vez sonó con más fuerza y persistencia y ya no pudo más. Se levantó de la cama, se fue hacia el balcón, agarró una de las macetas y la dejó caer. Luego se puso los tapones en los oídos y se metió entre las sábanas.
Por la mañana, al conectar la radio, supo de la magnitud de la tragedia.
Del libro "Córdoba cuenta".
Asociación cultural "Mucho cuento", Fundación Bodegas Campos, Sociedad de Plateros. Córdoba, mayo 2008.
Daniel Arenas (Azuaga, Badajoz). Catedrático de Lengua y Literatura Españolas. Escritor. Ha publicado las novelas: "Viviré si no me olvidas" (Algaida, 1998), Premio de Novela Felipe Trigo; "Dos gardenias para ti" (Brosquil, 2002), fanalista del Premio Azorín, y "Bajo los árboles azules" (Brosquil, 2005).
19 junio 2008
Cutre-hinchada
18 junio 2008
"Córdoba cuenta": relato 5 de 27
En adelante seleccionaré los relatos del libro que más me hayan gustado, son demasiados para ponerlos aquí todos y me los tengo que picar letra por letra. El de hoy es:
Título: ENFERMEDADES DE LA PIEL
Autor: Fernando Molero Campos
El dermatólogo se lo notificó con la crudeza que en él era habitual:
-Con el tiempo usted se convertirá en un monstruo.
Una inmensa reproducción de una obra de Archimboldo presidía la consulta. A continuación le extendió el bálsamo de unas recetas que difícilmente podían ya aliviar su desázón.
-Tómese estas píldoras, úntese estas cremas, compre una lámpara de rayos ultravioletas o póngase al sol un rato cada día, vaya al mar si le es posible y venga dentro de tres meses. Si hay suerte mejorará, pero la lucha es difícil.
Y no erró en su diagnóstico. Primero fue la blanca desolación del vitíligo, a la que siguió la invasión de lunares, pequeñas verrugas, granos y líquenes, para rematar la orografía de su piel con las rocosas escamas de la pertinaz psoriasis.
Bajo aquellas capas de piel ulcerosa, el ser que una vez fue Ángel se escondió en algún recóndito rincón de sí mismo. Todos los espejos de la casa se quebraron a su paso, propiciando una lluvia de cristales que le abrían la carne para que emergiera la sangre en forma de arroyuelos de lava roja.
Abandonó el mundo y se recluyó en su casa, a la manera forzada de un Gregor Samsa cualquiera, con la imagen propia del apestado. Sólo se atrevía a salir de madrugada, con guantes, sudadera con capucha, gafas oscuras y chaquetón, al amparo de las sombras, cuando en la ciudad se atenuaba el fragor del día y sus semejantes (que habían dejado de serlo) dormían alegrías y miserias acunados por Morfeo en protectores tálamos.
Ni Julia ni María ni Pilar tuvieron la culpa de nada; sólo mala suerte. Las calles estrechas de la Judería, el barrio de San Pedro o Santa Marina no eran las más indicadas para pasear después de la medianoche.
Cuando en el juicio le preguntaron a Ángel por qué, él, desasosegado por la exposición pública de su enfermiza fealdad, sólo alcanzó a emitir, por su boca llena de llagas y pústulas, un sonido fricativo que el juez entendió con dificultad y repordujo para que la taquígrafa pudiera tomar nota:
-Porque eran bellas y yo soy un monstruo. Pregúntenle al dermatólogo.
Del libro "Córdoba cuenta".
Asociación cultural "Mucho cuento", Fundación Bodegas Campos, Sociedad de Plateros. Córdoba, mayo 2008.
Fernando Molero Campos (Fernán Núñez, Córdoba). Maestro. Licenciado en Humanidades. Ha publicado el libro de relatos "En la playa", y una novela corta, "Quién se esconde detrás de Nosferatu". Como narrador, ha conseguido los premios Elena Soriano, el del Museo Arqueológico de Córdoba y el Clarín de cuentos, y accésit del Concurso de Cuentos de Villajoyosa, 2007.
Título: ENFERMEDADES DE LA PIEL
Autor: Fernando Molero Campos
El dermatólogo se lo notificó con la crudeza que en él era habitual:
-Con el tiempo usted se convertirá en un monstruo.
Una inmensa reproducción de una obra de Archimboldo presidía la consulta. A continuación le extendió el bálsamo de unas recetas que difícilmente podían ya aliviar su desázón.
-Tómese estas píldoras, úntese estas cremas, compre una lámpara de rayos ultravioletas o póngase al sol un rato cada día, vaya al mar si le es posible y venga dentro de tres meses. Si hay suerte mejorará, pero la lucha es difícil.
Y no erró en su diagnóstico. Primero fue la blanca desolación del vitíligo, a la que siguió la invasión de lunares, pequeñas verrugas, granos y líquenes, para rematar la orografía de su piel con las rocosas escamas de la pertinaz psoriasis.
Bajo aquellas capas de piel ulcerosa, el ser que una vez fue Ángel se escondió en algún recóndito rincón de sí mismo. Todos los espejos de la casa se quebraron a su paso, propiciando una lluvia de cristales que le abrían la carne para que emergiera la sangre en forma de arroyuelos de lava roja.
Abandonó el mundo y se recluyó en su casa, a la manera forzada de un Gregor Samsa cualquiera, con la imagen propia del apestado. Sólo se atrevía a salir de madrugada, con guantes, sudadera con capucha, gafas oscuras y chaquetón, al amparo de las sombras, cuando en la ciudad se atenuaba el fragor del día y sus semejantes (que habían dejado de serlo) dormían alegrías y miserias acunados por Morfeo en protectores tálamos.
Ni Julia ni María ni Pilar tuvieron la culpa de nada; sólo mala suerte. Las calles estrechas de la Judería, el barrio de San Pedro o Santa Marina no eran las más indicadas para pasear después de la medianoche.
Cuando en el juicio le preguntaron a Ángel por qué, él, desasosegado por la exposición pública de su enfermiza fealdad, sólo alcanzó a emitir, por su boca llena de llagas y pústulas, un sonido fricativo que el juez entendió con dificultad y repordujo para que la taquígrafa pudiera tomar nota:
-Porque eran bellas y yo soy un monstruo. Pregúntenle al dermatólogo.
Del libro "Córdoba cuenta".
Asociación cultural "Mucho cuento", Fundación Bodegas Campos, Sociedad de Plateros. Córdoba, mayo 2008.
Fernando Molero Campos (Fernán Núñez, Córdoba). Maestro. Licenciado en Humanidades. Ha publicado el libro de relatos "En la playa", y una novela corta, "Quién se esconde detrás de Nosferatu". Como narrador, ha conseguido los premios Elena Soriano, el del Museo Arqueológico de Córdoba y el Clarín de cuentos, y accésit del Concurso de Cuentos de Villajoyosa, 2007.
Nada que hacer
Al menos nos quedará el consuelo de que el próximo domingo nos ganará una selección elegante. Dura y sucia en lo deportivo, pero elegantísima en la moda.
Reconozco que mi parte femenina, esa que dicen que llevamos todos los hombres (y viceversa) anoche se revolucionó ante esos italianos de corte de pelo de alta peluquería y ante esa apostura de un seleccionador enchaquetado, encorbatado como Dios manda; nada que ver ante los sobacos sudorosos de Camacho en aquel Mundial ni con el chándal de supermercado en fin de semana de Luis Aragonés. El seleccionador francés también iba bien puesto, con unas gafas muy fashion aunque con unos arabescos en las patillas demasiado recargados para mi gusto. Sin duda perdió por eso, por los arabescos y por el malísimo aspecto de sus jugadores: calvos o rapados y con pinta de arrabaleros. Nada que ver, ya digo, con unos jóvenes guapos y elegantes representantes de lo más excelso de la raza latina. Una defensa ultranza de las camisas de cuello italiano, blasncas por supuesto, los trajes oscuros y las corbatas ni muy estrechas ni muy anchas como esos corbatones horrendos que se llevan desde hace unos años.
O sea, y resumiendo. Que una panda de afectados, obsesionados por la moda de Milán, que a saber con qué o con quién se consuelan, nos van a dar pal pelo el domingo, sin que la furia española ni nuestros machos ibéricos, ni los toritos de la bandera patria que se muestran en el graderío, ni por supuesto Manolo el del bombo puedan hacer nada para impedirlo. Hombre, es que no se puede aguantar que anoche cuando las cámaras enseñaban las gradas italianas salieran unas chicas guapísimas, rubias o moneras (vimos a una que paqué) y hasta con ojos verdes, y cuando muestran a la afición hispana veamos a unos tiparracos vestidos de torero y al ínclito Manolo arreando, dale que dale al bombo desde tiempo inmemorial. ¿Pero no hay nadie que le diga a ese tío que su tiempo pasó y que es gafe? A ver si entre todos le pagamos una jubilación anticipada y lo mandamos a Alemania para que los teutones pierdan de vez en cuando.
El domingo volveremos a decir: "Jugamos como nunca y perdimos como siempre".
P.D.: Este domingo juro bandera (española, claro). El acto promete ser especial, según la invitación recibida, dado que estamos en plena conmemoración de la Guerra de la Independencia. No sé si es que nos van a poner a unos franchutes allí para que tiremos al blanco (o al negro, vista la selección gala).

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