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25 abril 2008

Homenaje a la Generación del 27

La creatividad de las palabras



La Delegación de Educación de Códoba presenta una publicación de poetas docentes con textos de la Generación del 27 y de los propios profesores.



Los docentes seleccionados en la provincia para constituir este proyecto son: Balbina Prior, Fernando Sánchez, Lola Zarza, Soledad Zurera, Federico Abad, Juan Antonio Bernier, Alberto Díaz-Villaseñor, Heliodoro Díaz-Villaseñor, Eduardo García, Alfredo Jurado, José María Molina, Antonio Monterroso, Francisco Onieva, José Pérez Zarco y Juan Pérez Cubillo.






Profesores y alumnos con la Delegada de Educación, María Dolores Alonso (en el centro), durante el acto de presentación del libro y el proyecto "Poetas docentes en el aula. Miradas poéticas sobre textos del 27", el pasado miércoles 23 de abril en el patio de la Delegación de Gobernación de Córdoba.

18 marzo 2008

Leyendo y conociendo la Historia nos damos cuenta de lo absurdo de la ambición humana, de lo inútil de la crueldad, de lo irreversible y estéril de tantos y tantos actos cometidos a lo largo y ancho de guerras y más guerras. Ambición napoleónica cuyo principio del fin conmemoramos en España en este año. Crueldad indecible en el caso de la tortura y muerte del anarquista Andreu Nin , cuyos restos parecen haber sido ahora encontrados, asesinado por agentes al servicio de aquella II República culta y humanista ... (leer y comentar artículo completo)

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La guerra ( Diario Córdoba - 18/03/2008 )

04 septiembre 2007

Juan Cobos Wilkins. El corazón de la tierra. Riotinto. Barrio de Bellavista. Corta Atalaya. Francisco Antonio Carrasco. La maldición de Madame Bovary

Este verano --como el anterior y algún otro antes y siempre a partir de ahora- he dedicado parte de mis lecturas a autores cordobeses en particular y andaluces en general. Entre ellos he tenido el gusto de leer, casi al inicio de las vacaciones, a Francisco Antonio Carrasco.

Su La maldición de Madame Bovary me ha proporcionado momentos trepidantes, de esos que no te permiten dejar a medias e inacabados los capítulos e historias que pueblan este estupendo libro de relatos. El otro volumen, que acabo de terminar, es el extraordinario El corazón de la tierra, de Juan Cobos Wilkins , que me da pie y me catapulta a conocer su versión cinematográfica, cosa que haré esta misma semana aunque ya voy advertido de la poca semejanza entre esta y el original literario.

Para mí además ha sido bueno conocer a ambos autores, habiendo intercambiado palabras y momentos. Con Wilkins varias veces, cuando dirigía la Casa Museo de Juan Ramón Jiménez y yo vivía por aquellos pagos onubenses a finales de los ochenta, con Carrasco desde hace dieciséis años, que ya es decir. A Paco ya le he contado lo que pienso de su obra, que es mucho y bueno, y por eso le dedico las últimas líneas a Wilkins, que no leerá esto.

Quizás lo mejor que pueda decir es que su libro me emociona lo indecible con un planteamiento, un nudo y un desenlace de los que desasosiegan y hacen que uno no quiera dejar de revisitar y consultar de vez en cuando ese "corazón". Y que pienso volver por su pueblo, Riotinto, por el que pasé cien veces y pisé sólo dos. Me llaman ahora con más fuerza la Corta Atalaya y el barrio inglés de Bellavista.

Libros ( Diario Córdoba - 04/09/2007 )

16 agosto 2007

Homenaje a Federico García Lorca en el 71 aniversario de su fusilamiento

El 18 de agosto de 1936, en los comienzos de la guerra civil, un grupo de "nacionales" mataron a Federico García Lorca, uno de los mayores poetas y dramaturgos en lengua castellana de todos los tiempos.

Sirva este post de homenaje.



1º.- "Anda jaleo". Al piano, el propio Federico García Lorca. Canta: La Argentinita.

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Yo me alivié a un pino verde
por ver si la divisaba,
y sólo divisé el polvo
del coche que la llevaba.
Anda jaleo, jaleo:
ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo.

No salgas, paloma, al campo,
mira que soy cazador,
y si te tiro y te mato
para mí será el dolor,
para mí será el quebranto,
Anda, jaleo, jaleo:
ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo.

En la calle de los Muros
han matado una paloma.
Yo cortaré con mis manos
las flores de su corona.
Anda jaleo, jaleo:
ya se acabó el alboroto
y vamos al tiroteo.



2º.- "En el Café de Chinitas". Al piano, el propio Federico García Lorca. Canta: La Argentinita.

<bgsound src="http://www.albertodiazvillasenor.es/enelcafedechinitas.mp3" loop="0"></bgsound>
1
En el café de Chinitas
dijo Paquiro a su hermano:
«Soy más valiente que tú,
más torero y más gitano».

2
En el café de Chinitas
dijo Paquiro a Frascuelo:
«Soy más valiente que tú,
más gitano y más torero».

3
Sacó Paquiro el reló
y dijo de esta manera:
«Este toro ha de morir
antes de las cuatro y media».

4
Al dar las cuatro en la calle
se salieron del café
y era Paquiro en la calle
un torero de cartel.



3º.- "Zorongo gitano". Al piano, el propio Federico García Lorca. Canta: La Argentinita.

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Las manos de mi cariño
te están bordando una capa
con agremán de alhelíes
y con esclavina de agua.
Cuando fuiste novio mío,
por la primavera blanca,
los cascos de tu caballo
cuatro sollozos de plata.
La luna es un pozo chico,
las flores no valen nada,
lo que valen son tus brazos
cuando de noche me abrazan,
lo que valen son tus brazos
cuando de noche me abrazan.




4º.- De la obra "Poeta en Nueva York" de García Lorca, interpreta Lluis Llach en catalán el poema "Els Negres":

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NORMA Y PARAÍSO DE LOS NEGROS

Odian la sombra del pájaro
sobre el pleamar de la blanca mejilla
y el conflicto de luz y viento
en el salón de la nieve fría.

Odian la flecha sin cuerpo,
el pañuelo exacto de la despedida,
la aguja que mantiene presión y rosa
en el gramíneo rubor de la sonrisa.

Aman el azul desierto,
las vacilantes expresiones bovinas,
la mentirosa luna de los polos.
la danza curva del agua en la orilla.

Con la ciencia del tronco y el rastro
llenan de nervios luminosos la arcilla
y patinan lúbricos por aguas y arenas
gustando la amarga frescura de su milenaria saliva.

Es por el azul crujiente,
azul sin un gusano ni una huella dormida,
donde los huevos de avestruz quedan eternos
y deambulan intactas las lluvias bailarinas.

Es por el azul sin historia,
azul de una noche sin temor de día,
azul donde el desnudo del viento va quebrando
los camellos sonámbulos de las nubes vacías.

Es allí donde sueñan los torsos bajo la gula de la hierba.
Allí los corales empapan la desesperación de la tinta,
los durmientes borran sus perfiles bajo la madeja de los caracoles
y queda el hueco de la danza sobre las últimas cenizas.



5º.- De la obra "Poeta en Nueva York" de García Lorca, interpreta Leonard Cohen en inglés el poema "Take this Waltz":

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PEQUEÑO VALS VIENÉS

En Viena hay diez muchachas,
un hombro donde solloza la muerte
y un bosque de palomas disecadas.
Hay un fragmento de la mañana
en el museo de la escarcha.
Hay un salón con mil ventanas.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals con la boca cerrada.

Este vals, este vals, este vals, este vals,
de sí, de muerte y de coñac
que moja su cola en el mar.

Te quiero, te quiero, te quiero,
con la butaca y el libro muerto,
por el melancólico pasillo,
en el oscuro desván del lirio,
en nuestra cama de la luna
y en la danza que sueña la tortuga.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals de quebrada cintura.

En Viena hay cuatro espejos
donde juegan tu boca y los ecos.
Hay una muerte para piano
que pinta de azul a los muchachos.
Hay mendigos por los tejados,
hay frescas guirnaldas de llanto.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals que se muere en mis brazos.

Porque te quiero, te quiero, amor mío,
en el desván donde juegan los niños,
soñando viejas luces de Hungría
por los rumores de la tarde tibia,
viendo ovejas y lirios de nieve
por el silencio oscuro de tu frente.

¡Ay, ay, ay, ay!
Toma este vals, este vals del "Te quiero siempre".

En Viena bailaré contigo
con un disfraz que tenga
cabeza de río.
¡Mira qué orillas tengo de jacintos!
Dejaré mi boca entre tus piernas,
mi alma en fotografías y azucenas,
y en las ondas oscuras de tu andar
quiero, amor mío, amor mío, dejar,
violín y sepulcro, las cintas del vals.




6º.- Del "Poema del Cante Jondo" de García Lorca, leo "Sorpresa":

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01 agosto 2007

El poema del día

Del poeta peruano César Vallejo (1892-1938), leo el poema XIV "Cuidate, España, de tu propia España".


<br /><BGSOUND SRC="http://www.telefonica.net/web/albertodiaz/vallejo.wav" LOOP="1"><br />

23 junio 2007

Recomendación: la segunda novela de Francisco A. Carrasco, "La maldición de Madame Bovary" (Huerga y Fierro)

El catedrático José Cobos Ruiz glosa hoy en el Diario CÓRDOBA el libro "La maldición de madame Bovary" (Ed.: Huerga y Fierro), segunda y por el momento última novela del periodista Francisco A. Carrasco, Jefe de Opinión de dicho diario y que ya publicó en 1999 el magnífico libro de relatos "El insoportable silencio del viajero y otros silencios" (Ed.: Huerga y Fierro).

Esto dice José Cobos Ruiz de la nueva novela de Francisco A. Carrasco:


Escribir sobre un libro siempre es tarea grata para quienes nos dedicamos a tan noble arte, si bien más aún lo será cuando el autor resulta ser un entrañable amigo, tal y como es el caso de Francisco Antonio Carrasco (Belalcázar, 1958). Tras siete años de silencio creativo, ya que su última entrega, El silencio insoportable del viajero y otros silencios , data de 1999, publica también en Huerga & Fierro un nuevo libro de cuentos: La maldición de Madame Bovary .

El autor ha dividido su obra en tres partes que guardan entre sí una perfecta simetría: mientras que la primera y la tercera están integradas cada una de ellas por un único relato extenso, la parte central la componen cinco piezas de tamaño más breve. Todos los cuentos, sin embargo, aparecen unificados -lo que se refleja tanto en el paisaje como en los personajes- por la presencia de una misma atmósfera asfixiante y opresiva: la de aquellos años terribles por los que transcurrió la inmediata posguerra española (uno de los textos se titula, significativamente, 1941 ). En el relato que da título al volumen, Carrasco acierta a expresar con justeza el estrecho maridaje que en el narrador--protagonista se produce entre sus dos grandes pasiones: el amor y la literatura. Su biografía experimenta un giro decisivo de la mano de quien va a jugar un papel central en su niñez: doña Bárbara, joven viuda que en su pueblo natal le va a ir descubriendo en sabia y sutil progresión las maravillas que ocultan los libros y las mujeres. Asfixiada por el ambiente intolerante de aquellos años, simbolizado en la obra por el cura don Jesús, doña Bárbara --como una nueva Madame Bovary-- se ve obligada a sobrevivir espiritualmente en condiciones adversas, hallando en el joven narrador una especie de válvula de escape que finalmente se verá obturada por la presencia agobiante de don Jesús y su férrea vigilancia ante cualquier asomo de espontaneidad. La forzada marcha de aquella del pueblo no cegará sin embargo en el narrador su amor por la literatura, en la que verá sublimados en parte los requerimientos de su otra gran pasión -ese amor entre reverencial y temeroso que experimenta hacia doña Bárbara y hacia las mujeres en general--. En las piezas más breves que componen la segunda parte del libro se recrean diversas escenas de posguerra, en las que el hambre y la miseria van a ocupar gran parte de la escena. En la breve viñeta navideña, de sólo dos páginas, titulada Nochebuena , vemos cómo el autor huye elegantemente del burdo maniqueísmo al que podía haberse dejado conducir, colocando en el retrato que nos hace de un sargento de la Guardia Civil una pincelada de humanidad. En Cosas de juego se describe la trayectoria de un terrateniente venido a menos que se gana la vida con el póquer, al que sacrifica todo aquello que, sin él saberlo, podría dar un sentido verdadero a su turbia existencia. En Un cementerio en llamas se narra una página cualquiera de esa guerra enormemente desigual que mantuvieron en esos años aquellos que se echaron al monte y las fuerzas del orden; pero aquí la lucha ideológica se va a ver superpuesta y tamizada por la historia de una venganza personal entre el tío del narrador y un guardia civil. Memorial de atardeceres es la narración de un desgarro: la "historia de amor" entre niños de clases sociales contrapuestas, consentida por los mayores en tanto es considerada un simple juego, resulta brutalmente sofocada cuando el juego intenta transformarse en realidad. En 1941 se indaga en la prehistoria --llena de cinismo y engaños-- de algunas de las fortunas que se labraron a raíz de nuestra Guerra Civil. La última parte del libro la ocupa el relato Las lágrimas de Adrián . Es el único que escapa al marco ambiental antes descrito (la posguerra y sus secuelas). Otra nota que lo caracteriza es el uso, en su estructura, de ciertos elementos de la narrativa detectivesca, si bien la investigación del crimen, una violación no consumada, se ve conducida finalmente al terreno pantanoso del extravío y de la locura.

Todas las piezas forman una unidad de lo más armoniosa; no solo por la atmósfera que comparten, sino por la presencia en todas ellas de un lenguaje ajustado y sin retóricas vanas, en el que las frases acompañan a la narración sin entorpecer nunca su desarrollo, desvelando con su elegante fraseo las sombras terribles de un tiempo felizmente lejano. Y todo ello, además, muy bien envuelto en una cuidada edición, en la que las citas también se constituyen en un protagonista más del relato. Leer este conjunto de narraciones, como bien afirmara mi siempre admirada Rosa Luque , es "como abrir, no sin cierto rubor por la intromisión, una de aquellas latas de latón donde las familias apilaban sus grandezas y miserias en forma de fotografías ya de color sepia". Y es que Paco Carrasco, con las palabras precisas, ha sabido rehacer todo un ambiente vivido por él mismo durante buena parte de su niñez, como una crónica amarga de la sociedad franquista que muchos pudimos conocer con una mayor profundidad. Un libro, pues, bien escrito, como corresponde a un periodista de raza con más de veinte años de ejercicio en nuestro diario CORDOBA, licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, y al que deseo el mayor de los éxitos editoriales, ya que espero no sea el último y más pronto que tarde vuelva a deleitarnos con otra entrega como la que acaba de ver la luz. Les recomiendo la lectura de La maldición de Madame Bovary para las próximas vacaciones.

La maldicion de madame bovary ( Diario Córdoba - 23/06/2007 )

07 febrero 2007

Presentamos el libro de María Rosa Fernández "Te daré la luna"


Pues sí, el viernes día 9 presentamos el libro de la escritora María Rosa Fernández "Te daré la luna". Una obra magnífica de una chica muy mala y estupenda novelista.

Todos están invitados.

Os recomiendo escuchar esta hermosísima canción de Amancio Prada, titulada "Libre te quiero"

<br /><BGSOUND SRC="http://www.telefonica.net/web/albertodiaz/amanciopradalibretequiero.mp3" LOOP="1"><br />

15 enero 2007

Relato corto: "Solución final".

SOLUCIÓN FINAL

El Yunque se me acercó aquel día con aire misterioso:
-Oye, tú, que al Ricardo lo he pillao.

El Yunque era un tío sencillo y de pocos matices, si decía que al Ricardo lo había pillao era que lo había pillao. Lo malo era que al Yunque le costaba rematar las frases, así que no supe si lo había pillado con una vagoneta o con una puerta. Era buen hombre el Yunque, bajito, cetrino, desgastado por muchos años de galería en la mina de carbón.

-Yunque, y a ti ¿por qué te dicen Yunque? -preguntábamos sólo por oírle la respuesta o cuando había uno nuevo en el frente.
-Y "yunque" sé -respondía con la mirada huidiza del que sospecha que se cachondean de él pero no sabe bien por qué.

La risotada era general, y sana eso sí, que entre los compañeros del relevo no había malos rollos, pero era una risotada que hacía temblar las paredes de modo que las monteras no aguantaban el mineral, que se ponía a caer en pequeños regajos negros.

-¿De dónde eres, Yunque? - y él:
-De Esparragosa del Caudillo, pero antes se llamaba De la República, ¿eh? -aclaraba, como si hubiera algo que aclarar.
-¿Y por qué se llama así tu pueblo, Yunque? -y entonces lo cogías con el pie cambiado.
-Y "Yunque" sé.

-¿En qué has pillao al Ricardo?

El Ricardo era el líder allá abajo, el que sabía removernos cuando hacía falta. No un sindicalista de mierda, que él no lo era, sino un señorito que había elegido el tajo en vez de la vida muelle de su familia, tipos raros que hay de vez en cuando. Pero un tipo respetable.

-¿En qué, Yunque? -repetí.
-Lo he pillao con el Cuadrao.

Aquello no me gustó cómo olía. El Cuadrao era un jefe de oficina, un chupatintas despreciable, chivato y esquirol.

-Explícate.
-Lo he pillao mariconeando –dijo.
-Venga ya, Yunque, déjate de tonterías que estoy liado. ¡Ah!, y a la cuadrilla ni mú, ya sabes.

No quise continuar, si aquello era verdad y se sabía se acabó la lucha y la esperanza que representaba el Ricardo. El Yunque se fue afirmando con la cabeza. El Yunque callaría.

El Ricardo tuvo un accidente con el tren de la galería al día siguiente y murió. Yo estaba con él pero la policía no me molestó en exceso, yo era su mejor amigo.

© "Solución final", Alberto Díaz-Villaseñor Cabrera, noviembre 2005.