
Vaya por delante que el escritor Fernando Sánchez Dragó me parece un personaje fantástico, irrepetible, de esos que si no existieran habría que invertarlos. Le dan marcha al país y a los medios de comunicación. Y para colmo tiene un rostro simpático, es fotogénico y habla de puta madre.
Sánchez Dragó acaba de ganar el XI Premio de Novela Fernando Lara con su obra "Muertes paralelas", algo así como un inspirado remedo a la vicevérsica (que él reconoce) de las "Vidas paralelas" del latino Plutarco.

En el acto de entrega y durante el lío de la rueda de prensa, la euforia, el vino (suponemos) y una subida de testoterona a las que tan acostumbrados nos tiene Fernando, le hicieron decir que:
"Lamento profundamente haber nacido español", aseguró el escritor, que afirmó que este sentimiento "ha ido creciendo poco a poco hacia un país cuyo pecado capital es la envidia. Ser español es una etiqueta, y yo hace tiempo que empecé a desprenderme de ella".
(Declaraciones que pueden encontrarse en su página web)
Entiendo que esa afirmación la hace en rebeldía contra ese pecado de envidia que, según opinión generalizada, carateriza a los españoles. Está claro, a nadie le agrada pertenecer a un club de cuyos miembros se tenga una opinión negativa determinada, la que sea. Y, a su entender, a este club llamado España se le ve la etiqueta de envidioso por debajo de los fondillos de los pantalones.
De todas formas, digo, a Fernando Sánchez Dragó hay que quererlo incluso sin entenderlo. Algún buen rato he echado junto a él (o más bien cerca de él), como cuando tras aquellas memorables conferencias que daba en el marco de la Universidad de verano Menéndez Pelayo (sucursal sevillana en la casa Palacio de los Pinelo), repetidas luego también con Antonio Gala o Vicente Molina Foix, e incluso Jesús Aguirre, el entonces Duque de Alba, nos íbamos al exquisito, original y único pub Abades con cuyo dueño y señor, Fernando Chamorro nos reíamos entre acordes de boleros o de las Suites de Bach, según pintara, sentados en una mesa camilla. Otros testigos hubo que no me dejarán mentir, como Jesús Quintero. ¡Pero hace ya tantos años desde aquellos ochenta! Uno era joven y universitario en paro, lo cual marcaba lo suyo.

En otra ocasión, recuerdo, viviendo yo en la villa de Pozo Alcón (así, sin hache) de la provincia de Jaén, mi amigo Manolo Almagro y yo asistimos a un acto de Fernando en la localidad próxima de Quesada, patria del pintor Rafael Zabaleta. Hacía unas semanas que Fernando Sánchez Dragó había criticado a los andaluces por su contrastado borreguismo de votar pertinazmente al PSOE en la cabeza (o cabezón) visible de Manuel Chaves. Creo que nos había llamado precisamente eso a los andaluces, "borregos". Mi amigo Manolo, que es como es, sin que yo lo supiera se había fabricado una pancarta que ponía "Sánchez Dragó, vete", y con ella se paseó en silencio por la sala varias veces hasta que finalizó el acto. Terminado el cual, el aludido quiso hablar con él, y qué quieren que les diga... salió el Sánchez Dragó de siempre y la cosa acabó en copas y risas y disculpas y aclaraciones. No podía ser de otro modo.
¡Ay Fernado Sánchez Dragó!, ya ni siquiera te acordarás de todos estos momentos, ni de quienes en algún momento pasamos por tu lado, pero en quien te conocimos dejaste huella. La huella de un cachondo, de un creído que no llegaba a ser cargante porque le podía su vis afable procedente sin duda de sus ancestros gaditanos, un tipo original y único. Y por eso digo, en mi opinión, que Fernando Sánchez Dragó podrá decir todas las barbaridades que quiera, pero que hay que tomarlo como es. Además, que bastante viajado y leído es como para que nadie de nosotros osemos ni siquiera llevarle la contraria. Nos desarmaría.
(Dedicado a mi amigo Matías Moguel)

3 comentarios:
Los ácratas tienen ese punto apátrida, que compartimos los liberales. Más bien sabemos distinguir entre la patria, la tierra de los padres, sin duda digna de ser estimada y respetada, y la nación, ese monstruo imposible de describir.
De todas formas, incluso el patriotismo lleva, en la mayor parte de los casos lleva al gamberrismo y el ridiculo. Lo vemos en el triunfo del Sevilla, prox. del Barcelona, y si gana España ni te digo.
Lo único que le interesa a Dragó de España son los toros, ¡y les quedan dos días!
un saludo
Jejejee!!!Libertariano siempre hilando fino, pues si desde que nos quitaron a Sánchez Dragó y al Garcí, la TV2 no es lo mismo. A los artistas hay que dejarlos que a veces digan barbaridades, porque con una sola que acierten dotan a la Humanidad de grandes avances!!!
Matias dijo...libertariano, si para tí el concepto de Patria se reduce a la victoria del Sevilla, a dos Sking rompiendo cualquier cosa, o a una "ameba" parlante cantando algo, te has perdido lo mejor del asunto, hay conceptos que por desagradables es mejor dejarlos, es mas comodo el nihilismo, que cualquier definición, en afirmar lo bueno es la nada, me evado de definirme yo mismo, aunque "estomacalmente" no lo comparto me gustaria ser "liberal" y con ese pretexto poder decir, todo lo pasado, lo actual y lo futuro es una "caca" yo soy a partir de "yo" y mi "ello" solo es consecuencia mia, lo que me gusta es bueno, lo que no acepto es malo, ¡se tiene que vivir de leche pensando así! y tengo un hijo que parece que opina lo mismo , y que quieres que te diga ¡que pena!
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