La película El Código da Vinci, dirigida por Ron Howard, se estrenará el próximo día 19. No sabemos cómo habrá quedado el filme, aunque será interesante ver a actores como Tom Hanks y Jean Reno (dos de mis favoritos actualmente) compartiendo cartelera.
Lo que sí es cierto es que la polémica está servida por la cuestión del papel de la Iglesia y, más concretamente, el del Opus Dei en toda esta historia.
Al respecto, se me ocurren ciertas consideraciones:
- La libertad de expresión y de publicación deben quedar garantizadas para todo el mundo conforme a las leyes en vigor, aunque no nos guste muchas veces lo que se opina y publica.
- La novela de Dan Brown en la que se basa esta película me pareció un auténtico bodrio. Creí estar continuamente leyendo un guión de cine (a ver si es que el autor ya estaba pensando en llevarla al cine cuando la escribió, seguro que sí, ya que esto da mucho dinero) en vez de una novela con una mínima calidad literaria.
- Para novelas históricas, o de historia-ficción, podrían citarse decenas antes que esta. Lo que ocurre es que, claro, tocando (y atacando) oportunistamente a la Iglesia, el éxito está asegurado.
- Me pregunto cuándo una novela histórica o de historia-ficción con carácter crítico-peyorativo se centrará en el profeta Mahoma o en el Islam.
Seguro que ¡no hay cojones!, y si no miren lo que ha pasado con la publicación de las caricaturas de Mahoma, con media Europa y medio mundo bajándose los pantalones frente a los islamistas extremistas y radicales. (Pero esto es otra historia).
- Entre los muchos detalles absurdos que detecté leyendo el libro cito sólo dos que me vienen ahora a la memoria: El personaje Silas se escapa de una cárcel de Andorra... cuando en Andorra ¡no hay cárceles! Eso lo sabe cualquier ciudadano medianamente informado. A los convictos juzgados en el pequeño principado se les da a elegir entre ingresar en una prisión española o francesa según se contempla en un tratado internacional tripartito. Además, el susodicho Silas se escapa de la cárcel gracias a un terremoto que destruye la prisión. ¡¡¿Desde cuándo hay terremotos en el plegamiento alpino pirenaico?!! Esto no es solamente falso, sino inverosímil. Dan Brown nos hace imaginar, más que una cárcel, una prisionzucha de cuatro tabiques de adobe mal encajados al estilo de las que podemos ver en películas del oeste que retratan el Méjico del siglo XIX. O sea, ¡un horror de prejuicio yanky!
- Y si detalles tan fáciles de investigar correctamente se le han pasado por alto al erudito escritor, ¿qué no podremos pensar del resto de sus elucubraciones calenturientas? Si algunas hubieran tenido algún viso de verosimilitud (confieso que la posibilidad de un linaje cristiano-magdaleniano me seduce y no lo creo en absoluto descartable), fallos como los anteriormente descritos las invalidan y las mandan al limbo de la duda razonable, ya que este tipo de errores deben hacernos recapacitar sobre el alcance real de la investigación supuestamente llevada a cabo por Dan Brown.
La historia, digo, es un continuo correr de un lado para otro, muy cinematográfica, absolutamente increíble (no-creíble) con fallos de película de serie B (la escapada en el avión y la forma de esconderse en el coche que les aguarda al llegar a Londres no hay qien se la crea), etc., etc., etc.
No voy a defender aquí al Opus Dei ni tengo por qué atacarlo. En su momento, como muchos universitarios, intenté ser captado para la Obra, pero corrí más que ellos. Pero el caso es que puedo llegar a suscribir un comentario que uno de sus portavoces ha hecho en una rueda de prensa. El portavoz decía que qué podía hacer la Iglesia para defenderse de una historia así sin provocar el efecto contrario al deseado, es decir, que la gente acuda en masa a ver la película. la respuesta es difícil y lo mejor que se puede hacer es lo que están haciendo... mantener un silencio casi absoluto.
También se preguntaba dicho portavoz, si es lícito moralmente escribir este tipo de obras que apuntan a instituciones fácilmente reconocibles y cuyo ataque da cierto morbo. Y se planteaba, ¿qué ocurriría si por ejemplo se utilizara como argumento de ficción que otra institución muy famosa y con una penetración social tremenda, como la Coca-Cola, se dedicara a manipular su bebida con fines inconfensables; o que una importante productora cinematográfica, que fuese citada con su nombre real en una novela, fuera usada en una historia que la hiciera aparecer como una tapadera para la explotación sexual de niños?
Sobre todo ello, por lo menos se impone una cierta reflexión. ¿no?

2 comentarios:
Para mí no hay polémica desde el momento que hablamos de una mala novela de ficción, y recalco ficción, es que hay gente que conozco que se toman esto como una realidad, y así se lo toma la Iglesia, me parece deleznable esta postura pero en fin allá ellos, que sigan tomando en serio a Dan Brown verás que bien les va a ir.
matias dijo... vigi, la Iglesia se toma esta novela como ficción, pero tambien como un insulto, aquí parece que admitimos que a los moros si les tocas los "pelendengues" te monten una condena por "versos satánicos" o por caricaturas mas o menos inteligentes, pero si la Iglesia se defiente de un ataque decimos ¿que se han creido estos?. Es una obra de ficción ¡claro! pero en esa obra el autor no duda de la pureza de su madre cuando lo concibió, no expresa opinión sobre los adornos frontales de su padre,ni investiga sobre los derechos de herencia de sus hermanos.La novela es mala de por sí, podrimos nombrar treinta mil mejores,pero el autor ha conseguido que personas como tu y como yo perdamos el tiempo hablando de estas "naderias"
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