27 junio 2006

Pro Ecclesia Catholica (Tema: en defensa de la Iglesia católica)

Está claro que la Iglesia católica está empezando a interesar, desde hace un tiempo, como objeto literario y cinematoráfico, géneros en los que es tratada fundamentalmente como organización misteriosa y poderosa, pero nunca como conservadora de ciertos valores que miles de millones de todo el mundo comparten, ni como hacedora de beneficio social, etc. Es decir, se la está equiparando, sobre todo, repito, por cuestiones literarias e intereses comerciales, con determidas sectas o grupos de presión políticos y sociales, aunque estén en el polo opuesto de ella en cuanto a la visión de las cosas del mundo: los masones, por poner un ejemplo.

Sólo hay que abrir la revista Qué Leer de junio de 2006 y ver en sus páginas publicitarias multitud de títulos alusivos a novelas cuyos argumentos se deslizan sobre pretendidos aspectos misteriosos de la Iglesia o de organizaciones religiosas. Así, encontramos, a parte del vomitivo Código Da Vinci:
  • El Gran Arcano, de Paloma Sánchez-Garnica ("La confesión de un caballero templario durante su proceso inquisitorial descubre un secreto que podría desestabilizar a la cristiandad: Jesucristo no resucitó, sino que fue enterrado por sus fieles...")
  • La Ecuación Dante, de Jane Jensen ("El libro que recomiendan leer en Estados Unidos tras El Código Da Vinci")
  • El Puzzle de Jesús, de Earl Doherty ("Una novela absorbente que nos plantea esa cuestión que ha arraigado con profundidad en el pensamiento occidental de las últimas décadas: ¿qué sabemos a cerca del verdadero Jesús?")
  • El Enigma de Constantina, de Robert Ludlum (Una orden clandestina de monjes emprende una misión desesperada: transportar y ocultar un cofre que contiene un poderosísimo secreto sobre los orígenes del Cristianismo")
  • Las Huellas de Dios, de ... ("...¿Cuál es el significado de las extrañas visiones sobre la vida de Jesús que experimenta el protagonista?)
  • ...y así ad nauseam.

En sólo las primeras 17 páginas de la revista ya pueden encontrarse estas referencias a novelas de este tipo. Más adelante, varias más.

Está claro que la religión en sentido amplio, pero más aún la Iglesia católica, son fuente inspiradora de multitud de historias de misterio, policiacas (novela negra). Lo católico está de moda... pero no para bien, eso está claro.

Incluso mi admirado Arturo Pérez-Reverte, adelantándose varios años a este fenómeno, ya echó mano del tema religioso como centro de su novela La Piel del Tambor.

El caso es que hoy día es habitual ver posts y comentarios en blogs de amigos y de desconocidos sobre el asunto religioso y sobre la Iglesia católica. Y en dichos artículos no es raro que se adopten posturas radicales. Se toma tal o cual suceso de actualidad relacionado con la Iglesia para despedazar a esta organización. La verdad es que los comentaristas lo tienen a huevo: casos de pederastia, negocios no muy claros desde el punto de vista financiero, radicalismo en ciertos sectores como el Opus Dei, apoyo a dictaduras en el pasado, posturas intransigentes en materia de moral y sexo, etc.

Creo que la Iglesia católica es un entramado tan extraordinariamente complejo que sería (y es) muy injusto despacharla en base sólo a esos, y a algunos más, aspectos de su realidad. Lo que sí es fácil y está de moda es agrandar las manchas negras, las leyendas negras, los recovecos oscuros. Aun así, creo que (y este no es un artículo que pretenda defender nada, sólo aportar más puntos de vista sobre la cuestión) son infinitamente más las luces que las sombras.

¿Qué opinión nos merece la labor de los curas de pueblo hoy en día, no hace décadas?

¿Y las organizaciones humanitarias católicas que ayudan no sólo al Tercer Mundo, sino a los desheredados del Primero?

¿Qué pensamos de los misioneros que en tantas ocasiones dan su vida en guerras tribales por defender a sus feligreses?

¿Y del propio mensaje de la Iglesia católica (y aquí hay que hacer el inciso que todo lo dicho y lo que viene detrás puede también decirse de otras religiones e iglesias) que reproduce los postulados de Cristo: paz, amor, perdón, hermandad, comunidad, caridad, justicia, etc.? ¿Es eso reprobable porque a veces algún individuo o incluso la Iglesia como comunidad falle y dé el cante? ¿No debería permanecer lo esencial?

¿Y en la Historia? Se nos habla de las orgías papales, del robo a mansalva de los eclesiásticos, de su apego al poder y de su lucha por el mismo hasta intentar dominar a los reyes; de sus intereses económicos y políticos. De acuerdo.

¿Pero quién infundió en los poderosos y en la sociedad el sentimiento de compasión y ayuda al desfavorecido, al desprotegido? ¿Quién en las terribles guerras medievales decretaba "La Tregua de Dios", que había que respetar en beneficio de la población civil? ¿Quién en lo recóndito de sus monaterios salvaguardó la Cultura y la tradición clásica (pagana, no lo olvidemos) gracias a la labor de amanuenses y pobres monjes muertos de frío y a veces hambre? ¿Quién tuvo que demostrar mediante concilios, e imponer mediante admoniciones, que la mujer, los negros y los indios tenían alma y por ello debían ser tratados como los hombres (los únicos seres humanos que se beneficiaban de dicha categoría hasta no hace tanto)?

En definitiva, ¿a quién se le debe en su mayor parte la concepción de la Humanidad, de lo humano, de los derechos humanos y de la trascendencia y del respeto al entorno ("Hermano lobo, hermana planta, decía San Francisco de Asís) que tenemos aún hoy en día?

Por ello, y por mil cosas más que no cabrían aquí, me parece injusto que despachemos de manera apresurada y frívola el tema de la religión y de la Iglesia católica, así como de otras iglesias. Que los novelistas y gentes del cine aprovechen el filón, habrá que respetar su libertad creativa. Pero que los ciudadanos que apreciamos y defendemos un mundo civilizado y civil, ajeno a las injerencias religiosas en nuestras vidas, sepamos también valorar y defender no sólo una tradición que nos conforma como personas del llamado mundo libre, sino que también apreciemos la labor que aún continúa haciendo la Iglesia católica y otras iglesias en nuestro mundo, por mucho que los defectos (sobre todo los morbosos) empañen muchas veces su auténtica realidad.

Sólo propongo eso, respetar y valorar, y por supuesto criticar lo criticable, pero evitando establecer categorías universales sobre hechos concretos o desde sucesos históricos determinados sin ver más allá. Creo que el ejercicio de juzgar, el del pensamiento libre y el de la ecuanimidad deben prevalecer en nuestras apreciaciones. Sobre todo en quienes hayan recibido alguna formación universitaria o vital enriquecedora.

2 comentarios:

Picalcan dijo...

Está claro que los ideales (incluso los religiosos) son respetables. Son, más que respetables, admirables los que los defienden desde la base, los que todos los días comparten, defienden y respetan esos ideales. Pero tanto en la religión como en la política como en todos los ámbitos de la vida social los ideales son corrompidos por los hombres que llegan a ser poderosos por "defenderlos". Somos humanos. Y los que critican a la iglesia, lo hacen a los que se creen todopoderosos, nunca a, como dirian los políticos, a las bases. De hecho, los de las bases, somos los primeros criticos con los mandamases políticos, religiosos o de cualquier tipo de organización. Así somos, o mejor, asi son.

Revertiano dijo...

Pero creo que habría que hacer un ejercicio de madurez, y lanzar las críticas contra quienes se las merezcan, obviando la generalidad de la Iglesia, y obviando también la generalidad de la cúpula dirigente.
A cada uno lo suyo. Mientras más particularicemos, más justos llegaremos a ser.