Un niño de ocho años detenido en un mercado en Irán por robar comida es condenado a que su brazo sea plastado por la rueda de un automóvil. Posiblemente pierda el brazo para toda la vida.
El mamarracho adulto que le sujeta el brazo le narra con detalle el castigo, con un micrófono en ristre, a la multitud de degenerados que observa la escena. Como si fuera un espectáculo de feria.
¡Bestias!







1 comentario:
La rabia y la impotencia es todo lo que nos queda.
Publicar un comentario