15 septiembre 2006

Mis dos 11 de septiembre (Tema: si hay que dar explicaciones se dan)

Cuando coloqué el 11-S un post aludiendo a mis sentimientos sobre el atentado contra las torres gemelas de Nueva York sabía que iba a recibir algunos comentarios en relación a otros atentados que levantan y deben de levantar iguales sentimientos, o en relación a determinadas actuaciones que el gobierno norteamericano ha llevado a cabo en su historia y que ha provocado igualmente víctimas inocentes. Ya estaba preparado para ello.

En realidad, mi post sólo trataba de ese atentado, precisamente por lo que en él explicaba, la visión de Nueva York como ciudad mítica y símbolo de tantas cosas, como la gran metrópolis de la cultura occidental con todas sus virtudes y defectos, tan llena de contradicciones. Sin entrar en buenos y malos, sin tener que referirme a un "ahora les tocó a ellos" que no deseaba expresar, pues para mí las víctimas son siempre víctimas, sean quienes sean.

Pero en fin, como se han producido los comentarios esperados, voy a reproducir a continuación el artículo que escribí en Diario CÓRDOBA por aquellas fechas, el 18 de septiembre de 2001, en el que se aprecia clarísimamente cual es mi sentimiento ante cualquier barbarie política, sea un atentado o un golpe de estado como el sufrido por los chilenos en idéntica fecha de un 11 de septiembre de 1973.

Decía así:

DOS 11 DE SEPTIEMBRE

Fue el 11 de septiembre. Los aviones de la muerte sembraron el terror y el caos. Dentro, ciudadanos indefensos a merced de la irracionalidad y la maldad. Era un 11 de septiembre, un día como todos los días, cuando llegaron los aviones para atacar un edificio civil, el Palacio de la Moneda, la casa del Gobierno de Chile. Allí había un puñado de ciudadanos que entregaron su vida defendiendo la democracia salida de las urnas.

Aquellos aviones obedientes a los dictados de Richard Nixon y de Henry Kissinger, y sirviendo a los intereses económicos de empresas norteamericanas sembraron el terror y la muerte y los mataron a todos. Después le tocó a Argentina y a otros países hermanos. En total, sesenta, setenta mil, decenas de miles de muertos, torturados, desaparecidos a lo largo de larguísimos años de infamia. Fue el 11 de septiembre de 1973, en Santiago de Chile, recordémoslo.

Pero hoy yo soy también un norteamericano, todos lo somos. Un norteamericano del pueblo, un nortamericano de los que van a trabajar, de los que se toman un bocado rápido pensando en mil cosas de la vida cotidiana, de los que se pasan horas en el metro, en el autobús o en el coche de casa al trabajo y del trabajo a casa. Hoy soy un norteamerciano de esos de los que también sufren a su propio gobierno, de los que no tienen ni Seguridad Social, ni un empleo fijo, ni enseñanza gratuita.

Pero como en realidad no lo soy aunque quisiera serlo, sí que les envidio su unidad, admiro el valor que dan a su bandera, la falta de complejos que les lleva a pedir a Dios una y otra vez que bendiga a su nación, y el cuidado que ponen en proteger lo suyo y a los suyos.

Por eso, y en recuerdo tanto de las víctimas del odioso terrorismo que ahora les ha golpeado, como de las víctimas que su gobierno muchas veces ha producido, pido que Dios bendiga a América y nos bendiga a todos, a todos los demás en este mundo loco.

5 comentarios:

Picalcan dijo...

Eso es lo que yo decía.

Julia Ardón dijo...

Un hallazgo leerte.
Saludos desde Costa Rica.
Muy "nutritivo" tu blog.
te voy a enlazar.

Anónimo dijo...

He escuchado tanto sobre el atentado a las Torres Gemelas. Hasta hubo alguien por ahí que aseguró que todo había sido planeado por Estados Unidos, que bastaba fijarse en la nacionalidad de la mayoría de las víctimas para darse cuenta de que todo había sido una farsa.
Mi perspectiva dista mucho de aquella de todas maneras. Tampoco me uno al 'ahora les tocó a ellos', pues una desgracia siempre va a ser una desgracia, independiente de los involucrados. Pido a Dios que bendiga a América, pero completa, no solamente a la parte de arriba.

Saludos, siempre es un agrado leerte :)

Antonio Jesús Cobos dijo...

Recuerdo aquel día perfectamente. Era el último día de la feria de Belmez. Me levantaba, después de una nocha larga, a la hora de los noticiarios del mediodía. Puse la televisión y Matías Prats contaba lo sucedido cuando el segundo avión chocaba, en directo... terrible.
Lo siento por los norteamericanos.
No entiendo como el Sr. Bush volvió a ganar las elecciones. También es cierto que la perspectiva de las cosas desde tanta distancia es totalmente distinta.
1973 se me queda aún más lejos, no había nacido aún, también sería terrible, aunque en esa ocasión en vez de caer dos torres cayó una nación entera.

Revertiano dijo...

Por supuesto, Api, para mí, América es todo, y mucho más la que aún llamamos cariñosamente "nuestra América", sin connotaciones de posesión ni paternalismo alguno.