Le cabía todo el azul del cielo en su mirada azul. Le cabía todo el castillo de Belmez en su ventana y en su corazón. Le cabía Belmez todo y todas sus gentes en su corazón.
Todo su rostro se llenaba con el azul de su mirada y todo su cuerpo con una sonrisa eterna, por eso ya no le quedaba ni un resquicio más para llenarlo con el aire que le era tan necesario. Y eso que el soplo de su aliento lo fertilizaba todo a su alrededor con la bondad de su corazón, un corazón que seguro era también azul, el color de la amistad y la grandeza.
Mi tío Antonio pintaba, y cuanto más pintaba más pintaba aún, porque para él toda la vida era digna de ser pintada. Y pintó sus rostros queridos, y pintó sus paisajes amados. Por eso, cuando lo llevamos a donde ahora reposa, me quedé mirando la preciosa tarde amarillenta y otoñal sobre los campos belmezanos, lo hice intensamente, por él, ya que él no podía.
Mi tío Antonio trabajó toda su vida en una cueva mágica. Entrabas y enseguida te encontrabas con un largo túnel oscuro, pero, a pesar de ser muy oscuro, si te fijabas bien aquel túnel estaba lleno de colores, colores enlatados y preparados para ser abiertos en cualquier momento por sus manos de pintor y de hombre bueno.
Además, mi tío Antonio tenía un alto parentesco del que se sentía orgulloso. Era nada menos que tío también de Jesucristo. Sí, de Jesucristo, y esto no es una de sus infinitas bromas, es cierto. Caí en ello el otro día pensando que él era hermano mayor de la Virgen, la Virgen cuyo nombre está llena de castillos, de almenas, de peñas y de cielos azules. Tan azules como la mirada de mi tío.
TIO ANTONIO ( Diario Córdoba - 17/10/2006 )
17 octubre 2006
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3 comentarios:
Los siento. Conocía muy bien a tu tío, todo el pueblo lo conocía y todo el pueblo lo añora ya.
Esa tienda, el primer HIPERMERCADO de la historia, EL CORTE INGLÉS CABRERA lo llamábamos.
Se ha ido uno de los grandes personajes de la historia de Belmez, uno de los belmezanos más queridos y con él un trozo de la vida de este pueblo.
Gracias por vuestras palabras. En efecto, sé perfectamente el cariño que todo Belmez profesaba a mi tío, que era correspondido de igual manera.
Aquella tienda suya (no sabía lo de El Corte Inglés, pero me parece muy acertado) era toda una institución.
Gracias.
Un acierto tu columna. Eso si que es recuperar la memoria histórica: el hablar de las personas que han hecho historia en sus pueblos con su honestidad y trabajo.
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