03 septiembre 2007

Para los que quieran llamarle "hijos de puta" a los bancos

En mis tiempos de infante, en el tebeo TioVivo (o el Pulgarcito o el Mortadelo, para el caso es lo mismo) había un banco que se llamaba "Banco Hipotecario y Exprimidor". Me lo ha recordado el siguiente artículo de Arturo Pérez-Reverte.

PATENTE DE CORSO

"Entrámpate tío "

ARTURO PÉREZ-REVERTE XLSemanal 2 de septiembre de 2007

Acabo de toparme en el correo con una publicidad bancaria que me ha puesto de una mala leche espantosa. Muchos de ustedes la conocerán, supongo. Se trata de un folleto destinado a los usuarios de una de esas tarjetas de crédito jóvenes, o como se llamen, Bluecard, o Greentarjeta, o Yellowsubmarine, que ahí no me he fijado mucho. Pero la tarjeta es lo de menos. De lo que se trata es de que el banco en cuestión, que para la cosa de recaudar viruta tiene tan poca vergüenza como el resto de los bancos y bancas que en el mundo han sido, plantea a sus jóvenes clientes una oferta de crédito tan descaradamente abyecta que, si no fuera porque el tal Solitario de los huevos no es más que un miserable sin escrúpulos y un payaso, casi aplaudiría uno que siguiera reventando ventanillas a alguna de tales entidades. No sé si me explico.

«Domicilia tu nómina y vete de viaje», es el reclamo inicial que encabeza el folleto, junto a la foto de una parejita jovencísima y feliz. Nada que oponer a eso, naturalmente. Aunque no exista, desde mi punto de vista, relación directa entre el hecho de domiciliar la nómina y subirse acto seguido a un tren, barco o un avión, uno podría seguir el consejo sin grandes objeciones. El mosqueo viene líneas más abajo, cuando el folleto añade «Londres, Roma, Berlín, París... Llévate un bono de 300 euros para viajar a esa ciudad que siempre has soñado conocer». Y aquí, la verdad, el asunto se enturbia un poco. En estos tiempos de educación para la ciudadanía –permitan que me tronche– y teniendo en cuenta que los destinatarios del folleto son gente muy joven, resulta poco edificante que la primera sugerencia a quien domicilia su primera nómina, lejos de aconsejarle ahorrar para un futuro más o menos próximo, consista en cepillarse alegremente esta nómina y las siguientes, en viajes alentados por el cebo del bono de marras, aunque éste financie parte del periplo.

Pero ésa es sólo la introducción, o proemio. Lo bonito viene luego. «Hasta 30.000 euros –pone con letras gordas– para lo que tú quieras.» Y suena tentador, me digo al leerlo. Si yo fuera joven imberbe y domiciliara mi nómina en tan rumbosa entidad bancaria, tendría asegurado un creditillo que, bien mirado, no deja de ser una pasta. Tal como está el patio, 30.000 mortadelos dan para que una parejita tierna, necesitada y con sentido común –30.000 x 2 = 60.000– pueda organizarse un poco mejor en la línea de salida. Lo malo es que, algo más abajo, cae mi gozo en un pozo. Porque «lo que tú quieras», o sea, lo que un joven de hoy necesita con más urgencia, a juicio del departamento de créditos del banco en cuestión, es «¿Un coche nuevo, una moto, un ordernador, el viaje de tu vida?». Dicho de otra manera: lo bueno de domiciliar la nómina para un joven de veintipocos años, o para una pareja de esa edad que decida plantearse una vida en común, no reside en que así puede uno amueblar la casa, comprar un coche para el trabajo –el folleto habla de «coche nuevo», no de uno a secas– o adquirir lo necesario para encarar la perra vida. Niet. Lo verdaderamente bonito del invento es que, entregándole la nómina a un banco, puedes entramparte como un gilipollas para los próximos diez años de tu existencia, a fin de comprarte una moto o irte a beber piña colada las próximas navidades al Caribe, como Leonardo di Caprio. Guau. Pero no todo queda ahí, colega. Faltaría más. Porque encima, si domicilias tu nómina y te echas encima el pufo –el primero de muchos, qué ilusión– del crédito a diez años para el imprescindible coche nuevo, tu banco, que es generoso que te rilas, permite que además trinques nada menos que una Wii –«Con su revolucionario mando inalámbrico descubrirás una forma diferente de jugar», puntualiza el folleto– casi sin enterarte. Sólo al pequeño costo de otro pufillo adicional: un año pagando una cantidad mensual que ni siquiera llega a 20 euros, tío. Pagando sólo, fíjate, la ridícula cantidad de 19,50 euros al mes. El non plus. Y claro. A ver quién va a ser tan idiota como para no embarcarse en el chollo: vacaciones, coche nuevo, moto, ordenador, y encima poder matar zombis con la Wii casi gratis, o sea. ¿Hay quien dé más? Con eso y un bizcocho, la vida resuelta hasta mañana a las ocho. Por la cara.

Hace mucho tiempo que no llamaba hijo de puta a nadie en esta página. Se lo prometí a mi madre, a mi confesor y a una señora de Pamplona que me paró por la calle para darme la bronca. Pero hay días en que el impulso resulta más poderoso que las buenas intenciones.

Hijos de puta. Hijos de la grandísima puta.

7 comentarios:

digenes el can dijo...

he vuelto, mi tonel necesita una remodelación, más alberto y menos reverte.

Anónimo dijo...

La verdad es que hay mucha gente que se deja llevar por los regalos que "dan" los bancos a cambio de ingresar dinero, domiciliar la nómina u otra estrategia para confiarles tu dinero, llámense mantas, juegos de ollas, toallas, etc.; y no se dan cuenta que los bancos no regalan nada, ya te lo cobrarán de alguna forma. Yo he tenido varias experiencias con los bancos, malas por supuesto. Son los nuevos vampiros. En un comic serían el Tío Gilito o el Sr. Burns de los Simpsons.

Éboli dijo...

Hombre Diógenes, donde hallábais vos? bienvenido de al circo. Y digo yo ¿por qué no llamarlos directamente atajo de cabrones y dejar a sus santas madres en paz?

Anónimo dijo...

Tienes razón Éboli, ¡es que hay madres que tienen que ser más sufridas! Por ejemplo las pobres madres de los árbitros.

Revertiano dijo...

Jajaja, va bien la cosa.

diogenes el Kant dijo...

querida Eboli (el anonimato favorece estas confianzas) hallábame por estos lares vuestros, siempre con vosotros, pero distanciado en el mundo de las bitácoras (en el literario seguimos juntos cada semana).
en cuanto a las pobres madres, palindromos habla de la de los árbitros, pero anda que la de los políticos (sobre todo del talante de mr Bean no te digo nada)

Anónimo dijo...

Tampoco tengo una buena imagen de los bancos, por lo que me sumo a los comentarios filiales...

Desde hace un tiempo quería tener una redbank, es decir, una tarjetita para girar dinero desde el lugar que quiera y a la hora que quiera. Había tenido una hasta hace poco, pero era una adicional a la cuenta de mis padres, y sentí el deseo imperioso de ser independiente. Fui al Banco S@nt@nder (uff, españoles), y no quisieron darme ni media tarjeta porque mi carrera no figuraba en "la lista de carreras con convenio". Las llamadas "carreras con convenio" son las carreras "rentables" a fin de cuentas; sucede que en Chile la pedagogía es una de las profesiones peor remuneradas (si no es que la peor simplemente), y como a mí se me ocurrió ser profesora, no tengo tarjeta.
Emprendí camino a otro banco, y en ese banco me aceptaron desde el principio, pero me aceptaron "más" cuando le dije a la recepcionista que mis papás tenían cuenta ahí.

Como niña buena (y asustada por los intereses) guardé mi Vis@.