28 diciembre 2007

Cuento de invierno

Soñaba con poder echarle el guante a montañas de colillas y litros de cerveza, su único alimento. Tanto en verano como en invierno se cubría con una sola camisa. Su casa era el parque, su trabajo dejar pasar el tiempo de terraza en terraza pidiendo, casi exigiendo, una moneda más. Pero con los años el frío se le hacía ya duro de soportar.

Aquella noche invernal, como tantas, se coló en el aparcamiento subterráneo del supermercado, allí se estaba mejor y la clientela era abundante. Su especialidad consistía en acercarse a mujeres mayores solas y pedirles, casi exigirles, que le dejaran devolver el carro de la compra a su sitio para recuperar la moneda aprisionada en su mecanismo. A la hora del cierre se escondió, como de costumbre, detrás de los carritos. Allí no hacía calor pero tampoco tanto frío como en la calle. Pasadas unas horas se arrebujó como pudo en un rincón.

Le quedaban dos colillas y encendió una. Al breve calor de su lumbre imaginó que era una tarde soleada de mediodía y que encontraba montones de cajetillas de tabaco tiradas por todos lados. El sueño terminó cuando la colilla se apagó. Encendió la segunda y soñó que hallaba bajo un contenedor varias botellas de cerveza enteritas, sin abrir. Al apagarse la colilla se esfumaron sus esperanzas.

Lo encontraron en su rincón al día siguiente, un 22 de diciembre, tenía en el rostro una extraña sonrisa. Todos lo miraban sin saber qué hacer. De pronto se levantó de un salto arrancándose el auricular de un pequeño transistor que portaba. "¡Llevo el Gordo, mamones!", dijo.
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Podéis leerlo también siguiendo el enlace siguiente:
Cuento de invierno ( Diario Córdoba - 28/12/2007 )

8 comentarios:

Bermauntier dijo...

Ayer te vi en la contraportada del Córdoba y hoy he leído ese genial cuento-artículo en tu columna que, según parece, ya no es los martes. Bueno, enhorabuena, me ha gustado.
Por cierto, no sé si has recibido el programa de Rosa Regàs.

Revertiano dijo...

En cuanto a lo de la contraportada, mejor que no me hubieran sacado, el reportaje estaba lleno de errores y han dado una idea totalmente equivocada de la realidad. Mañana sábado debe salir una rectificación que he enviado al periódico.

En cuanto a lo del artículo, seguiré saliendo los martes, pero es que el pasado martes era Navidad y no había periódico, y el siguiente es día 1 y tampoco habrá y los tengo que sacar entre semana.

Lo del Rosa Regás, la verdad, según vuestro comentario me he quedado sin ganas de leer el libro, además de que la Regás me cae gorda. Por lo general me gusta mucho vuestro programa, pero no sé aún quién eres tú, si el que tanto habla, o el otro.
Mándame alguna vez un saludo y así saldré de dudas.
Feliz Año.

Anónimo dijo...

Pues yo vi a Rafa esta mañana en la plaza comiendo churros, y no parecía que le hubiera tocado el gordo. Seguro que es cuento. Claro que este, bien que sabe vivir del cuento.

Revertiano dijo...

Muchos han creído que era por Rafa, pero no es así. Se trata de una realidad inventada basada en tantos y tantos Rafas, Manolos, Pepes, etc., que están en las mismas circusntancias, y con un final sorprendente como exigen los relatos cortos.
Además no es ni casi original está basado en el famoso cuento infantil de Navidad de "La cerillera" o "La pequeña cerillera", no sé si os acordáis de vuestra infancia, os lo contaría vuestra abuela seguro.

Anónimo dijo...

Soy el que habla poco, Rever, el que habla poco.

Anónimo dijo...

Se trata de una historia por desgracia muy habitual en muchos lugares pero con un buen final. Me alegro por tu protagonista.

rdv dijo...

A mi tambien me ha recordado a Rafa.
Me ha gustado el relato, me recuerdan hechos cotidianos reales, solo que este tiene un final muy agradable, todo lo contrario de lo que en realidad ocurre. Sin ir mas lejos hace unos dias en un centro comercial observé a una mujer mientras comia algo que no pude reconocer, estaba rodeada de lo que al parecer eran todas sus pertenencias, varias bolsas posiblemente con ropa y algunos cartones doblados junto a ella bien colocados. Se encontraba en uno de esos rincones en los que nadie repara. Por necesidad tuve que volver al dia siguiente al mismo sitio y sin darme cuenta me dirigi al mismo lugar, era temprano y el pequeño rincón se habia convertido en improvisado dormitorio, los cartones perfectamente articulados de forma que el frio penetrara durante la gelida noche lo menos posible, entendi que tras aquel conglomerado de basta celulosa, un ser humano olvidado soñaba con lujosas suites de hoteles de lujo y que era despertada por un amable camarero que le ofrecia un desayuno de corte real.

Anónimo dijo...

A pocos kilómetros de donde vivo, un afortunado se ganó el gordo. No cabía en sí de tanta felicidad por estar pronto a recibir 88 millones de pesos. Tomó un bus, llegó a la agencia, y para su sorpresa no eran 88 millones... sino 880. Supongo que de sus cataratas ya no queda rastro =)

Cariños desde Chile,
Api