A mí siempre me han gustado los típicos programas de cámara oculta ¿no es eso algo parecido?. Claro, que en ellos prima la imaginación y el buen sentido del humor, mientras que ahora ciertas nuevas camadas han desvirtuado el asunto con violencia estúpida que mostrar en el YouTube. Como si no hubiera ya bastante en la tele.
La última gamberrada grabada me la encuentro de bruces viendo con mi niña los dibujos de Doraemon. El perverso Gigante con su mamporrero cobardica Suneo se ensañan con el pobre y bobalicón Nobita.
Me extraña que estos japoneses no hagan uso del teléfono móvil y sí en cambio de una obsoleta handycam de aquellas que si mirabas por el visor la imagen era en blanco y negro (más bien grisácea).
Otra prueba más de que los productos hechos para el público infantil están llenos de perversión y malos ejemplos. Desde los terroríficos cuentos de los Hermanos Grimm, Perrault y Andersen, con sus brujas, madrastras, ogros, dragones y princesas muertas y enterradas en urnas de cristal como santas en conserva que luego resucitan con un beso (¿habrá mayor necrofilia?), hasta los dibujos animados de ahora. Los autores de productos infantiles siguen en la misma onda.
Claro, que hemos sobrevivido.

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