La bomba de ETA en una casa cuartel de Álava no sólo ha matado a un servidor del orden, podía haber matado a familias enteras de guardias civiles. Podía haber sido una masacre.
Como ya está todo dicho, como dijimos todo lo que teníamos que decir después de cada atentado terrorista, fuera quien fuese la víctima, no queda nada más que añadir. Volver a repetir la misma condena y el mismo luto se convierte en rutina.
Ahora el sentimiento es más fuerte. Es una especie de resentimiento el que se eleva e impone contra todos aquellos que llevan años jugando a la política, al despiste, a los intereses, a las pocas ganas o ninguna de acabar con esta lacra porque sus carreras se sustentan en parte sobre este juego de amagar, una y otra vez, y no dar. De no querer coger el toro por los cuernos y borrar a estos mal nacidos de un plumazo. Que podrían.
Que quienes tengan alguna responsabilidad en el que estas tragedias se repitan una y otra vez pudiendo haberlas atajado hace tiempo sufran alguna vez en sus carnes un dolor parecido al que ya sufren tantas familias. Esta es mi maldición. (Y suelen cumplirse).
14 mayo 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario