El poeta Alejandro López Andrada hace mucho tiempo que se ha convertido en un referente imprescindible en la literatura cordobesa. Su presencia es requerida para formar parte de numerosos jurados de certámenes literarios en toda España y se le llama a participar en multitud de foros nacionales y extranjeros.
Este magnífico poeta centra casi siempre sus preferencias argumentales en el bucolismo de su tierra, el Valle de los Pedroches (Córdoba), y más particularmente en su pueblo, Villanueva del Duque, donde encuentra personajes, paisajes, vivencias y otras referencias indispensables para comprender y apreciar su obra. Como novelista es un extraordinario creador de personajes, conservando el mismo espíritu telúrico que anima su obra poética.
Últimamente Alejandro López Andrada nos ha regalado con un libro mitad crónica rural, mitad historia, mitad novela y mitad poesía de la tierra. Su título, El viento derruido (y es que López Andrada titula como nadie sabe hacerlo).
Otros títulos suyos, entre poesía y novela, de este autor pueden encontrarse aquí, entre otros muchos lugares de la red.
Recientemente, Alejandro López Andrada ha sido entrevistado en el programa cultural El Público Lee, de Canal Sur Televisión.
Alejandro es amigo mío, y el aprecio personal que le tengo supera al estrictamente literario, que ya es grande, porque hay que conocerlo para amar su sencillez, bonhomía, llaneza y alejamiento de poses y engreimientos. Contaré un viaje que hicimos juntos una tarde de primavera en mi descapotable por gran parte de mi tierra, el Valle del Guadiato, vecina a la suya, tras una interesante comida que sirvió de preámbulo a un acto literario que tuve el honor de presentar en Peñarroya-Pueblonuevo. Nos acompañaba mi hermano Heliodoro, también poeta (La ciudad paralela, editado por Cajasur en la colección Los Cuadernos de Sandua, 2002) y el igualmente poeta, ensayista, crítico, novelista y coordinador del mil veces laureado suplemento cultural del Diario CÓRDOBA, Cuadernos del Sur, el periodista cordobés Antonio Rodríguez Jiménez.
La excursión terminó, como no podía ser de otro modo, en el Cerco de Peñarroya-Pueblonuevo, lugar que, cada vez me convenzo más, inspira casi exclusivamente a gente sensible y sensata. Tras apreciar sus ruinas y aquellos espacios llenos de misterio y sugerencias, Antonio Rodríguez se propuso situar alguna escena de una de sus novelas en tal sitio, y lo ha cumplido en una novela que pronto verá la luz.
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2 comentarios:
Querido Alberto. Sabía que eras un extraordinario amigo mío, pero, aún así, me has sorprendido muy gratamente con lo que dices de mi obra y, sobre todo, de mi persona. Un millón de gracias. Nunca sabré cómo agradecer tus palabras tan cálidas y sentidas. Recuerdo aquel viaje con nuestro común amigo Antonio Rodríguez y tu hermano Heliodoro en tu descapotable cruzando la poética sierra del Hoyo. No lo olvidaré nunca. Siempre estaré en deuda contigo por tu amistad verdadera y desinteresada. Personas como tú, con su ánimo y apoyo, hacen mucho más sencillo este difícil camino de la creación literaria. Un fortísimo abrazo y gracias de nuevo.
Alejandro, es justicia. Ánimo, que aún tienes muchas cosas que enseñarnos y con las cuales hacernos disfrutar.
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