El chisme ese no podía fallar, era americano. En la barra de estado (o como la llamen los que saben) de la pantalla de Windows lo ponía bien claro: 34º. ¡Estaban a 34 grados en Córdoba en ese momento, cerca de las dos de la madrugada!, no podía creerlo.
Siempre que llega el verano hay un especial resorte en la cabeza de los mitómanos, cinéfilos y amantes del viejo cómic americano que pone en marcha sobre la superficie de las retinas de la memoria antiguas percepciones: imágenes llenas de rincones evocadores, de aristas y sombras de recuerdos gráficos. El store a media ventana de un apartamento céntrico en una ciudad de altos rascacielos, las rayas luz y sombra proyectadas por una persiana sobre un tipo con sombrero que dormita en la cama de un motel, un ventilador negro de aspas metálicas ronroneando tras el tiroteo, el sudor de Stacey Keach cuando ya lo habían dejado listo.
Cuando en Córdoba están a 34 grados a las dos de la madrugada y en mi pueblo en ese mismo momento la conversación, por muy acalorada que sea, no consigue hacer subir el termómetro por encima de los veintipocos, no puedo evitar sonreír pensando en la suerte que tengo. Si fuera un empresario japonés, compraría todas las casas ruinosas y vacías de mi pueblo y las alquilaría a bajo precio para que los cordobeses pudieran subir a dormir desde el 1 de junio al 30 de septiembre, total son unos cincuenta minutos. Me iba a forrar.
A lo mejor el Ayuntamiento me toma la palabra y pide una subvención al Miner para poner en marcha el proyecto. Aunque entonces un partido diría que ese tipo de infraestructuras no se subvencionan, y luego, una vez demostrado que sí que se subvencionan, que otro partido diga que hay que comenzar el papeleo desde el principio. Y eso si no hay elecciones de por medio, que entonces el debate puede ser eterno, ¡jo, qué tropa!
Nada, que se derritan los cordobeses por culpa de los políticos. Que suden como los Doce Hombres sin Piedad, como el General Custer en Little Big Horn, como Zarpa de Acero antes de meter los dedos en cualquier enchufe para volverse invisible, como los vaqueros por el Valle de la Muerte. Que se derritan mientras aquí nos tomamos una cañita al fresco.
23 julio 2006
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1 comentario:
Por favor Alberto, propón el plan, yo me voy los dos meses. Una pregunta ¿se podrían alquilar los doce meses?, ¿y comprar a precios económicos? Ya sabes, si lo consigues, oferto mi persona, la de mi mujer y mis dos hijas, los cuatro estaríamos encantados de vivir allí.
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