Me queda 1 minuto y 52 segundos para mandar un recuerdo desde la costa. La conexión a internet desde el hotel es rápida pero está muy solicitada.
Hoy he visto a unos indígenas ataviados como indios norteamericanos. Plumas y todo, como el pobre Lempira. Cantaban bastante mal.
El Mediterráneo arroja sus azules y blancos como un viejo recuerdo helenístico desde un cuadro de Sir Lawrence Alma-Tadema. Aquellos desnudos ptolomeicos sólo buscan el blanco mármol veteado de óxido para refrescarse, o directamente otro cuerpo desnudo al lado, encima o debajo para acabar de sofocarse.
El runrún del mar introduciéndose por el balcón al mediodía, o las luces del palmeral penetrando por la ventana a los sones de algo de jazz son el mejor momento para entregarse al placer carnal.
Nonchalance y pereza tras el orgasmo. Una bebida fría y somnolienta.
Y la sal del Mediterráneo como bálsamo para seguir viviendo.
31 julio 2006
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentario:
El que el cielo tenga doce o trece estrellas más es lo que me hará volver, no lo dudes.
Aparte el pequeño detalle de que la nómina no da para más (pero esto es secundario).
Publicar un comentario