Hay que ver los escandinavos. La madre que los parió.
Han inventado un sistema de distribución comercial que, según pésimos clientes como yo, va al desastre. Este tipo de capitalismo sui generis del “fabríqueselo usted mismo” que supone Ikea acabará mal, ya lo verán. Sin embargo, otro neurótico amigo mío me recomendó una visita al gran centro que tienen los suecos en Castilleja de la Cuesta (Sevilla), y piqué, con bastante retraso pero piqué.
Yo, qué quieren ustedes, si quiero un mueble me lo encargo en un carpintero de mi pueblo o lo compro ya hecho en una de las empresas del ramo de nuestra provincia, pero eso de llevarme los tablones en un carrito para luego armarlo y armarla en mi casa, pues como que no. Y, además, visto el mal trago pasado para llegar a esa supertienda, pues menos todavía. Desde Camas hasta la salida de la autovía, igual que a la vuelta, un embotellamiento de una hora; otro “cuartito de hora” (como escribían los Álvarez Quintero) largo para dejar el coche, y, eso sí, veinte minutos tan sólo para llegar, ver y salir corriendo.
Comentarios verídicos del personal clientelar recogidos allí mismo: “¿y para esto tanto?”, “la gente somos como los monos, vamos a donde nos dicen, para nada”, “pues si estos sillones son como los que nosotros tiramos que ya no los queríamos”, “aquí todo es de lata”.
Lo juro. Eso sí, cada cartel de cada artículo en dos idiomas, en sueco (o noruego o finlandés o qué sé yo) en grande, bien grande, y por encima en español algo más pequeño; debe ser para que la enorme colonia de nórdicos en la zona sepa dónde está y qué es lo que está comprando. O sea, algo así como “silleten”, y encima “silla”. Y, lo más chulo, la “zona de actividad” (“zonen activen por un tuben”) donde iba todo el mundo con el carro lleno de tablones parriba y pabajo, parriba y pabajo. Y así todo. Y nada de espacios amplios como en el Carrefour o en El Corte Inglés, sino un pasillo en plan laberinto que te va llevando, te va llevando, hasta que te da el primer mareo y te sales, claro, ¿qué vas a hacer?
Muy pijo, el Ikea ese, dicen. Lo será, sí, muy pijo, yo qué sé. Y muy barato, eso sí que lo es. Y lo malo es que se le nota.
10 agosto 2006
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3 comentarios:
Lo que tiene de pijo, a mi corto entender, es que los pijos se pirran por este tipo de línea de muebles, el minimalismo y todas esas cosas. Además, mola cantidad hacérselos uno mismo.
¿Que mola cantidad? Mi mujer, que es la manitas de la casa compró el mueble del salón en el Ikea, lo montó con mi hermana, y la verdad, ha quedado estupendo pero, pero yo, cuando mi mujer dice: "vamos al Ikea" tiemblo y, la tarjeta, mucho más. Vamos Revertiano que tú, como yo, ¿no? muy erótico: todo lo que tocas, lo jodes.
...festivamente.
Además, que lo del pasillito por el que te hacen pasar a la puta fuerza me recuerda al juego de la Oca, del laberinto al 30 (los 30 minutos que estás allí encerrado como máximo antes de decidir largarte).
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