Ya iba a dejar de lanzar veneno (jejeje), cuando me llega por la radio la noticia de la muerte del cantante Hilario Camacho; y por ello me creo en el deber de dejar el veneno durante un rato y arrojar flores en esta ocasión.
Esté donde esté le deseo la felicidad y la paz eterna. Hilario Camacho, natural del madrileñísimo barrio de Chamberí, supuso para muchos de mi generación un auténtico revulsivo que nos acercó a la poesía urbana, a un modo de vida y a una voz y unas canciones inimitables.
Descanse en paz.
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1 comentario:
Aquí en Peñarroya lo vimos dos veces, Matías, e incluso hablé con él. ¡Qué tiempos, todos hemos muerto ya un poco!
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