Una de mis certezas más firmes y documentadas es que las cosas se rematan mal, que casi todo está mal terminado. Incluso la vida parece que deja las cosas a medio hacer.
Por ejemplo, las fotos enseñan mucho últimamente urbanizaciones de todo tipo, legales e ilegales, donde uno ve casas de mejor o peor gusto pero mal rematadas con los albañales (se decía antes) mellados y a la vista, desagües a la misma puerta, paredes o muros que enseñan el ladrillamen y las piezas de bovedilla gris cemento.
Luego te vas a ese que es uno de los mejores hospitales de la región y de la patria toda, el Reina Sofía, y frente a instalaciones modélicas y personal eficiente, tienes un aparcamiento que es una porquería, un lodazal inmundo de baches y pedruscos, aunque una parcela oficial no cabe duda de que lo es porque el estacionamiento te lo cobran; a lo mejor es cosa del Ayuntamiento, que tiene aviones y otros pájaros más grandes en la cabeza en qué pensar.
También la vida, ya digo, remata mal las cosas. Está la concejala que en estos días deja el cargo sin decir la verdad del cuento, quedándose a medias, pero hay otros casos más tristes, como precisamente el del encargado del susodicho aparcamiento, que te dice desde el fondo de una mirada azul que la vida es un asco (cosa que ya sabíamos, Morgan ) y que se dejó el pellejo por sacar adelante y dar estudios a quien tenía que dárselos, pero que hoy encima se revuelven contra él y allí lo tienen de cualquier manera.
Y por eso piensa uno que o el mundo está mal terminado, o es que no hay cojones para mejorarlo. Claro que a veces a quien los tiene se los cortan. O lo intentan.
REMATES ( Diario Córdoba - 03/10/2006 )
03 octubre 2006
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